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QUÉ PASA EN LA MENTE DEL DEPORTISTA

Actualizado: jun 22

La mayor parte de los deportistas están siempre hablando con ellos mismo: “Corre más rápido”, “flexiona más las rodillas”, “mantén la atención en la pelota”. Las órdenes son infinitas, dependiendo del deporte y del deportista. En ocasiones, después de haber hecho una jugada o un juego cuyo resultado no es el esperado, aparecen pensamientos como: “¡Qué torpe eres!”, “Tu abuela lo haría mejor”, “Eres un inútil”.

Pero, ¿de dónde viene esa voz interior?. Esa voz que viene de nosotros y nos habla desde una tercera posición. Dentro de cada jugador hay dos “yoes”, el “yo número 1” y el “yo número 2”, según Timothy Gallwey explica en el juego interior del tenis. El “yo número 1” es el yo que habla (la mente egoica), y “el yo número 2” el que actúa y ejecuta la acción.


El tipo de relación que cada jugador tenga entre sus dos “yoes” determinará la calidad de su juego. Esto significa que una de las claves para mejorar en cualquier deporte es cultivar la relación entre el yo que habla, el número 1, y el yo de la habilidades físicas naturales, el número 2.


En numerosas ocasiones pasa que, al pensar demasiado en la técnica y al hacer un sobre esfuerzo por controlar el movimiento, el yo número 1 crea tensión y mala coordinación muscular en el cuerpo, convirtiéndose en el responsable del fallo, pero echándole en cambio la culpa al yo número 2. El resultado de esto es frustración asegurada.


Uno de los retos de la mente es aprender a confiar en el talento y las habilidades del yo número 2, relajarse y dejar los movimientos fluir.


De hecho, los grandes deportistas y los grandes logros deportivos, surgen cuando la mente está tranquila, en un estado de concentración relajada, donde el cuerpo fluye creando un juego mágico, consiguiendo que desde fuera incluso parezca fácil.


Hay distintas herramientas para conseguir este estado de concentración relajada. La primera es aprender a dejar nuestra tendencia a juzgarnos a nosotros mismos y nuestro resultado como bueno o malo. Renunciar al juicio de estas dos polaridades es una de las claves para conseguir un juego espontáneo y concentrado.


Dejar de emitir juicios “bueno”, “malo”, no significa ignorar los errores, quiere decir observar y simplemente ver el juego tal cual ha sido, sin juicio personal y aceptado tal cual es, para desde aquí, hacerlo distinto.




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